Uma imagem de Macau muito crítica onde apenas fica a salvo a pequena comunidade de estrangeiros e a enorme comunidade de pescadores...
Una multitud prodijiosa de barcos pescadores, que se aventuran hasta 20 y aun 25 leguas de las costas. Estas embarcaciones chinas, grandes y construídas con solidez, resisten mas vantajosamente al huracan que las embarcaciones mercantes españolas y portuguesas. (...) Finos veleros, estes barcos son montados ordinariamente por uma docena de hombres, casi siempre parientes, nacidos y educados á bordo: el bordo, hé aquí su única propriedade y su sola patria. Nunca saltan en tierra hasta que se han acabado sus víveres ó cuando han completado su pesca. Entonces cambian contra su té, arroz, sal y vestidos, la cantidad de pescado salado que han recojido durante la campaña, en seguida vuelven á internarse en alta mar, continuando su vida aventurera y ocupada, escapando de esta suerte durante algun tiempo á la brutalidad fiscal de los mandarines. Apesar del número considerable de individuos amontonados en estos barcos, casi siempre reina en ellos cierto aire de aseo y de comodidad. Sus tripulaciones parecen robustas, se sustentan de arroz, de pescado y de té, y evitan las enfermidades que ocasionan la intemperancia y el abuso de licores espirituosos.
La vida maritima para estes hombres es la vida de menaje: traen consigo sus mujeres y sus hijos, contratan alianzas de un barco á otro, nacen y mueren en el mar, no sienten necesidad alguna de habitar un elemento menos proceloso, se hacen usos y costumbres particulares, placeres y fiestas, y adoran divindades á las que conceden atributos marinos. Por lo demas, ninguna clase hay en China, país de astucia y intriga, mas franca ni mas leal que la de estos pescadores (...).
En breve se halló el junco en medio de los canalizos que conducen al fondeaero de la Typa, frente de Macao. A medida que adelantábamos hácia la ciudad (...) aparecia una bateria portuguesa que dominaba los requedos y el mar. Manifestábase á mayor distancia el convento de la Guia, residencia del obispo, que fácilmente podia reconocerse por sus encumbradas murallas y sus copadas árboles, únicos que se levantaban em medio de aquel árido paisaje. (…) Escalonadas á lo largo de la colina, las casas de Macao descendian al mar hasta bañar sus pies en el. El fondeadero ó mas bien el puerto de la Typa (...) es el único de esta costa que ofrece un abrigo contra los tifones que devastan la bahía de la factoría europea. (...)
Toda la orilla situada en frente de este puerto está cubierta ya de haciendas chinas; varios operarios chinos pueblan los arsenales y reparan las embarcaciones; los gondoleros chinos guian, en el canal que conduce á Macao, barcos de pasaje con su techo de paja trenzada y sus pequeños apartamientos dispuestos en la popa. Anclados lo mas posible á la arenosa playa, inmensos bateles toman cargamentos de sal para Canton, mientras que en medio del puerto, una doble hilera de juncos de guerra, con palos cortos y macizos y con banderolas de viente colores, se reunen en torno del junco almirante, que lleva cruzados en su pabellon amarillo, dos bastones de mandarin. (...)
Descendidos á la chalupa de honor, arribámos en breve á la rada de Macao (...) y pudímos analizar aquella colonia portuguesa situada en territorio chino (...) un pedazo de suelo ingrato cuya vuelta puede hacerse en el espacio de dos horas (...).
El cañon de Macao hubiera impuesto un tributo á la China. Bajo este supuesto, en vez de una isla, el imperador cedió á aquellos aventureros una fraccion de isla, reservándose tener ojos bastante abiertos en la otra faccion para velar sobre su política. Partiendo de este principio se trazó una linea de demarcacion en una especie de istmo muy estrecho, y cualquier Portugués que salvase esta barrera, maltratado por la poblecion china y presentado ante los mandarines, solo podia salir á fuerza de dinero, ó sujetándose al suplicio de la canga ó del calabozo. El territorio portugués era por lo contrario libre y accecible á los Chinos, de suerte que el derecho de vijilancia no era recíproco. (...)
Procurando sacar el mejor partido posible de una posicion precaria, se edificaran conventos almenados en las alturas y un palacio episcopal artillado. A falta de un apostadero militar, se hizo una buena colonia mercantil, con flotas procedentes de Malaca, de Goa, de Lisboa, las primeras que hubiesen visitado los mercados chinos. Atestáronse aquellos roquedos de opulentas casas, se construyó um muelle en aquellas arenas, y á lo largo de la playa, poco antes desierta, se levantaron algunos almacenes. Durante unos siglos, esta prosperidad fué acreciendo gradualmente, pero al fin se vió arruinada por diversas causas.
La primera fué la aparicion de otras potencias europeas en los mares de China (...), los colonos de Macao tomaron com la prosperidad y la paz costumbres indolentes (...). Habiendo encontrado en los Chinos aperarios activos y inteligentes, ajentes de negocios, intérpretes, abandonaron á su cuidado toda la faena corriente. (...) Vióse concurrir de toda la China la parte mas atareada y la mas pícara de su poblacion. (…) Poco á poco aquellos nuevos colonos absorvieron el nucleo de Portugueses, ya modificado por el perpetuo cruzamiento de razas. Actualmente Macao es mas china que portuguesa. (...)
Aglomerada en la parte exterior de las fortificaciones y bajo el fuego de su artillería, sentíase reprimida y no osaba levantarse. Pero cuando el Portugal, destronado en la India, solo envió á aquel apostadero Cipayes mandados por oficiales mestizos, aquel pueblo, mas numeroso que los criollos de sangre pura ó mesclada, mas activo, mas emprendedor, dió en frequentes sublevaciones, y conseguió penetrar en la ciudad (...), arruinaba la factoría y saqueaba las casas de los ricos europeos. Em consequencia, fué preciso invocar contra ellos una justicia indíjena, llamando mandarines a Macao (...), el gobernador portugués es el ajente pasivo de las voluntades del mandarin (...). Al primer asomo de resistencia, el mandarin cortaria los víveres á Macao (...). Ya no hay seguridad ni garantia para los Europeos (...).
Nuestra primera escurcion fué a lo largo de la playa (...) hasta una especie de fortificacion (...).
Al dia seguinte (...) la gruta subterranea de este peñon concluyó Camões su Lusiadas (....). Allí, es donde habia soñado, poetizado, allí, en el mismo punto en que nos hallábamos, en China, en una roca de Macao! (....)
De los fuertes pasámos á las iglesias, situadas algunas veces en un recinto atrincherado. Visitámos la catedral y el convento de la Guia, donde alojan el obispo y los doce canónigos sus vicarios; S. Lourenzo, S. Pablo, S. Antonio, S. Pedro, los conventos de relijiosos de S. Francisco, S. Domingos y S. Agustín; los conventos de monjas, Sta Clara y la Misericordia; en fin los tres hospitales militares y civiles. En la nave de S. Pablo, nuestro guia nos hizo observar la tumba de la esposa de Beniowski, que, habiendo seguido á este aventurero en su fuga de Siberia, murió estenuada en Macao.
El personal de los eclesiásticos que sirven estas iglesias, procede casi enteramente de Goa. A mas de los sacerdotes portugueses, ese clero compreende todavía los restos de aquellas célebres misiones que honraran tanto á los siglos anteriores. En el obispado vímos uno de esos venerables apóstoles, el P. Amyot, que habitava la China hacia 40 años, y llevaba en Macao el traje chino (...), hablaba con emocion á los recien venidos de los neófitos que dejara em medio de aquellas populosas ciudades (...). De los cúspides de la ciudad descendíamos hácia la rada, al través de las calles adornadas por hermosas tiendas chinas. (…) Con qué arte maravilloso están dispuestos sus artículos! Como los limpia, los dora y los refresca para que seduzcan la vista! (...) Comprad esos cerdos, tan gordos y tan brillantes! Compradlos, y cuando los tendreis, los hallareis hinchados de agua. (...)
Macao, portuguesa de nombre, está poblada casi enteramente de Chinos (...) la poblacion total asciende á 34.000 almas, restan solamente 4.000 Portugueses, se así puede llamarse una raza mezclada de sangre europêa, inda, china y ain cafre. (...) Estes criollos, tan abatidos en la parte moral, no han decaído tanto en la parte física. Son robustos, bien formados y de una estatura bastante alta; mas ó menos morenos, tienen en jeneral facciones regulares y unos ojos negros espresivos (…) su traje es una mezcla de modas europeas, indas y chinas. Las mujeres les son muy inferiores: una piel amarilla, una nariz chata, una boca enorme y gastada por el uso de la pipa, ojos tiernos, una frente deprimida, cabellera crespa, una talle maciza y formas fatigadas (...). Las de Macao som unas criaturas repugnantes y mazorrales: solo han tomado los defectos de una raza que tiene algunas cualidades. (...) El semblante medio cubierto por la mantilla transparente, con sus pantuflos de marroquin, producen cierto efecto sobre los recien venidos, merced á este traje chocante y contrastante. Las mas lindas de estas mujeres (...) son las nacidas de Chinas y de Europeos llamadas Chinas portuguesadas. Los Chinos venden, aun muy jóvenes, sus hijas á los Portugueses, quienes las educan y las casan (...). En Macao gozan de cierta reputacion entre los fumadores de opio, pues aseguran que son las únicas que saben prepararlo en dósis convenientes. (...)
El govierno portugués de Macau se compone de un gobernador que toma el titulo pomposo de capitan jeneral (...), el desembargador (...), obispo, jefe del clero y de las misiones (...), un senado. (...) Como poblacion neutra entre los Portugueses y los Chinos, ecsiste un corto numero de comerciantes europeos, si bien insignificante, pero que goza de mucho influjo por su posicion y por su nacionalidad. Ingleses, Americanos, Franceses ú Holandeses, la China conoce perfectamente que no los ultrajaria sin correr algun riesgo (…). Han introducido en Macao el lujo interior y las comunidades domésticas desconocidas á los Portugueses, siendo por lo tanto los únicos que comunican un poco de vida y de buen tono á esta sociedad tétrica y melancólica.
Viaje pintoresco al rededor del mundo, publicado em francês sob a direccão de Dumont d'Urville - com ilustrações de M. de Sainson (tradução de Juan Francisco Camacho), 1841






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